Emir
La llevé a cenar a un lugar privado, rodeado de palmeras altas y con vista panorámica al mar Caribe. El sol se había ocultado, dejando tras de sí un cielo pintado de tonos rosados y anaranjados. La luna llena emergió, iluminando el cielo y reflejando su brillo en el agua. La mesa estaba puesta con un mantel blanco como la nieve, cubiertos de plata brillante y cristalería fina que centelleaba bajo la luz de las velas.
Un ramo de rosas rojas y pétalos de rosa decoraban el centro de la mesa,