A la mañana siguiente, ya me encontraba en la oficina, el ambiente estaba tan tranquilo, o al menos eso era lo que parecía, pues, una parte de mí decía que eso era simplemente un preludio a un desastre o alguna clase de problema. Ya habían pasado suficientes veces como para atribuírselo a una mera coincidencia.
Mis ojos seguían pendientes de la pantalla del ordenador, analizaba cada uno de los movimientos que se hicieron en las cuentas de la empresa en las últimas veinticuatro horas, lo que me