Luego de la cena, hice lo que toda chica haría antes de tener un evento especial: revolver todo su clóset para encontrar el vestido perfecto para esa ocasión. No podía ser tan llamativo, pero tampoco uno que se pasara de sencillo y fuera olvidado por todos.
Sacaba uno y otro y otro vestido, pero ninguno terminaba de convencerme. La montaña de vestidos rechazados se hacía más grande de lo que imaginé, y mi frustración no era tan fácil de manejar. No era una situación cualquiera, era un código ro