La vida continuó su curso, y aunque había mucho por hacer, Dana se sentía más fuerte que nunca. Había aprendido a ser honesta consigo misma y a enfrentar sus emociones.
Un día, mientras conversaba con Zoraida en la cocina, esta le hizo una pregunta.
—¿Y Mateo? Ya han pasado varios meses y ustedes siguen igual, ¿tienen planes de boda? Estamos ansiosos por saber.
Dana se detuvo a pensar.
—Sí, estoy segura de que en cualquier momento me lo pide. Nunca he sido tan feliz, hermana.
Zoraida sonrió