Mundo ficciónIniciar sesiónDana estaba sentada junto a la cama del hospital, con las manos temblorosas aferrándose al borde de la silla. Frente a ella, Mateo yacía inmóvil, su rostro pálido enmarcado por vendajes y tubos que lo mantenían con vida. La maquinaria a su alrededor emitía sonidos rítmicos, un recordatorio constante de que cada latido, cada respiración, dependía de algo más que de su propia fuerza.
No podía dejar de mirarlo. Cad






