Mundo ficciónIniciar sesiónEl reloj marcaba las once de la noche, pero la casa estaba tan silenciosa que bien podría haber sido madrugada. La penumbra se filtraba por las cortinas, dibujando sombras inquietantes en las paredes. Lisana se encontraba en la cocina, sentada frente a una taza de té que apenas había tocado. Sus manos temblaban mientras sostenía la cerámica caliente, buscando un calor que no llegaba a calmar el frío que sentía en el pecho. La culpa era un huésped implacable, un eco constante que la perseguía







