Capítulo 49

—Lo siento… no sé qué decirte… en verdad— veo sus ojos muy oscuros y ojerosos, de que dependa su coloración, pero sospecho que va relacionada al hambre que puede sentir, veo mi plato y los cubiertos.

—No tienes nada que decirme si no quieres… sólo era duda, no te preocupes no es como que quiera inmiscuirme en tu vida privada… lo siento— tomo el plato y se me resbala al piso, esperando que parezca un accidente, se rompe en mil pedazos y brinco hacia atrás —¡perdón!, lo siento soy

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