Capítulo 34

—Si hubieras aceptado por las buenas hubiera intentado dejarte vivir… ahora eso ya no es una opción— sus ojos son de un negro muy tétrico y están inyectados de sangre y odio.

Me separa de la pared y de nuevo me vuelve a azotar contra ella, una, otra y otra vez, al principio me duelen los golpes, pero después me empiezo a sentir mareada, aturdida. Me levanta y me avienta hacia mi habitación. Caigo en la cama, por fin sobre algo que no está más duro que mi cabeza, intento jalar air

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