Vania bajó del auto con los nervios a flor de piel, pero decidida. Su cabello había vuelto a su color original igual que el de su hija y creció hasta su espalda.
Tuvo que luchar contra la impaciencia de los últimos meses y estudiar cada uno de sus pasos, pero ahora estaba allí, pisando el césped de una mansión impresionante, a sabiendas de que se encontraba a minutos de volverlo a ver…, si tenía suerte.
—Es por aquí.
Igor le señaló un camino bordeado de arbustos, alejado de la puerta principa