Mauro llegó justo cuando ella abría la puerta. La había corrido, pero al enfrentar su movimiento tan desprevenido no tuvo más remedio que esconderse detrás de una columna. No tenía idea de lo que estaba ocurriendo y eso no le gustaba, pero menos aún le agradaba el hecho de que ella lo hubiera tratado de ese modo.
No esperaba que lo adorara, pero al menos podía mostrarse como antes, más abierta, dispuesta a pasarla lo mejor posible.
En ese momento recordó su encuentro, sus dos encuentros en rea