—¿Y ahora qué? —pregunto cuando nos hemos vuelto a sentar y balanceo los pies colgando por el barco.
—No lo sé.
—Ya no vas a ser un gilipollas, ¿verdad?
Cuando me mira algo se remueve en mi interior. ¿De verdad vamos a intentar ser algo? Me marea pensarlo. Me marea pensar en esta conversación que acabamos de tener. ¿Ahora qué somos?
—Voy a intentar no serlo.
No sé si me conformo con eso, pero después de tres años no creo que pueda pedirle mucho más. Aún creo que hay cosas por hablar, no sólo d