El postre llegó, una obra de arte dulce que en cualquier otro momento habría iluminado mi día. Pero ahora, mientras lo probaba mecánicamente, mi mente estaba en otro lugar, atrapada en un abismo de inseguridades.
Intenté aferrarme a la calma, pero mi interior era un caos. El silencio que me envolvía era ensordecedor. Mil pensamientos me atacaban al mismo tiempo: ¿Estoy exagerando? ¿Es esta la realidad que nunca quise ver? ¿Es posible que Gabriel sea alguien completamente distinto al hombre que