Sentía que el peso de mis pensamientos me ahogaba. Tenía tanto que decir, pero las palabras se quedaban atrapadas en la garganta, como si el dolor las sujetara con fuerza. Mi corazón latía con una angustia contenida. Rebeca… su sola presencia había bastado para desmoronar mis ilusiones, para hacerme sentir que todo lo que había imaginado, lo que había pensado de Gabriel, no era más que una fantasía condenada a desvanecerse.
Por un instante, él pareció distante, como si su mente estuviera en otr