El camino hacia la oficina de Xander pareció una marcha hacia un patíbulo dorado. Cada taconazo contra el linóleo pulido del edificio de humanidades resonaba con el temblor frenético de mi corazón.
Todavía podía sentir el fantasma de su cuerpo dentro de mí tras lo ocurrido en el aula... la sensación fantasmal de su gorda polla abriéndome a presión, el escozor de su palma en mi culo y el peso denso, con olor a almizcle, de su semen goteando lentamente por la cara interna de mis muslos.
Ni siquie