Me empujó hacia atrás contra un montón de fardos de heno, y la paja áspera me arañaba los muslos mientras él caía de rodillas. En un solo movimiento, me arrancó los calzones y enterró la cara entre mis piernas.
Su lengua era implacable, lamiendo mis pliegues empapados, chupando mi clítoris con fuerza mientras dos dedos gruesos se hundían profundamente en mi coño. Grité, agarrándole el pelo, con las caderas arremetiendo contra su boca.
"Mierda... Denzel, sí, cómeme el coño así", jadeé.
Él tarare