Aaron
Reanudo con una intensidad desbordante, cada gesto dictado por la posesión, la ira y el deseo. Los golpes, los gemidos, los alaridos llenan la habitación, una sinfonía de carne y fuego. Ella se arquea, grita, suplica, y yo respondo a cada llamado con una salvajería calculada.
Mis manos se hunden en su cabello, la tiro hacia mí, muerdo su nuca, su hombro, y cada movimiento se convierte en una mordida, una marca invisible. Ella gime cada vez más fuerte, gritando tanto de dolor como de place