Cuando llegó el sábado, ella se miró por última vez en el espejo, se puso su vestido azul de tirantes con escote recto y un faralao delicado en el escote, ajustado en el corpiño y la tela caía suavemente hacia las piernas. Se dejó el cabello suelto y tomó su bolso y salió, ya que el Señor Duncan ya la estaba esperando.
Él le abrió la puerta para que ella se subiera y luego se sentó él en el asiento del conductor. Rosalin, vio que se dirigió al centro de la ciudad, donde se encontraban los teatr