Llegó el lunes. La mañana prometía ser agradable y soleada, aunque ya comenzaban a sentirse los vientos de otoño. El señor Duncan y Rosalin entraron a la corte y ya estaban allí sus abogados.
Anunciaron que comenzaría la sesión y que se pusieran de pie para recibir al juez quien se sentó en su gran escritorio. Se leyó todos los testimonios de la sesión anterior.
-Muy bien, señor Miller, por favor, llame a su testigo – Dijo el juez –
-Sí, señor juez – Dijo el abogado Miller – Llamo a declarar a