Estaba tumbada en un viejo colchón sin manta que me cubriera en las noches frías.
Miraba las viejas paredes con los ojos entreabiertos viendo girar todo a mi alrededor, los cerré para evitar más fatiga. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que sintiera ganas de vomitar contribuyendo al fino dolor de mi estómago.
No tenía fuerzas para levantarme y sin otra opción, tuve que girarme hacia un lado, sacar la cabeza de la cama y vomitar sólo la bilis ya que hacía tiempo que no comía.
El dolor a