— Vamos, Tomas. — Miré a un lado y no lo vi.
— Seguro que te está esperando fuera. — Adriel dice.
Todavía mareada por el beso que acababa de recibir, escudriño a los acompañantes de mi marido. Su novia seguía allí, pero parecía perdida, incapaz de disimular su reacción tras ver cómo Adriel me besaba con tanto fervor.
— No sabía que Tomás y tú estabais tan unidos, a pesar de ser primos, porque no le he visto comentar nada sobre ti.
Vierte su descontento y su rabia mientras habla, acomodándome un