Gabriel no llamó a la puerta. Abrió la oficina de Isla de un empujón y entró; su mera presencia pareció devorar la habitación.
Todos en la oficina se quedaron inmóviles. Jeff y los demás guardaron silencio a mitad de una frase, con el miedo reflejado en sus caras. Él era el CEO y nadie se atrevió a cuestionarlo; solo alcanzaron a asentir con la cabeza.
Isla se sobresaltó y entreabrió los labios. Él se había ido apenas unos minutos atrás. Ya estaba lista para dar por terminada la jornada, pero el