Aún la observaba cuando un golpe en la puerta me interrumpió.
«Pasa», llamé, dejando el iPad.
Marcos Reed entró, y supe inmediatamente que algo le rondaba la mente. Tenía esa mirada: la que significaba que iba a decir algo que no quería oír.
«Buenos días», dijo, cerrando la puerta. «¿Ocupado tan tem