—No voy a ir. No tiene sentido ir, puedo hacerlo por la noche y así no tendrás que preocuparte—, dijo Isabel con una mirada furiosa y apretando los puños.
Estaba muy enojada porque Christian no escuchaba sus palabras, lo que le hacía parecer incomprensible.
—Sólo digo que no voy a ir.
Sintiendo la mirada penetrante de Isabel y viendo cómo apretaba los puños, Christian tragó saliva con dificultad. Era comprensible que ella no confiara en él, ya que estaba tratando de dejar la empresa para evitar