Por suerte, María fue rápida y la sostuvo.
—Prima, ¿qué te pasa?— preguntó María con preocupación en su rostro.
—No pasa nada...— Carmen apretó los labios, sintiéndose como si estuviera en un abismo helado.
En realidad, con su habitual calma e inteligencia, debería haber entendido las dificultades de Christian. Pero cuando uno se preocupa, la mente se confunde, y ahora ella no puede comprender los sentimientos de Christian.
Lo único que sabe es que Christian finalmente eligió a Lucía y la abando