Lucía y Christian se encontraban en la habitación de Lucía.
—Lucía, me voy a mi habitación. Descansa temprano—dijo Christian, girándose para dirigirse a su habitación y descansar.
—¡No te vayas!— exclamó Lucía.
—Christian, al ser envenenada por la mandrágora, me siento débil y quisiera que me acompañes y hablemos un poco más—dijo Lucía, agarrando rápidamente el brazo de Christian.
—¿Qué pasa? ¿Acaso el veneno en tu cuerpo aún no se ha disipado por completo?— preguntó Christian, sorprendido y co