La persona que llegó era una hermosa mujer de unos veintisiete u veintiocho años, con una figura alta y elegante, luciendo un par de gafas de sol de moda.
Llevaba un ajustado traje negro que resaltaba su esbelta cintura y mostraba su cuerpo ardiente y tentador en toda su plenitud.
No era otra que Clara, la hermana del señor Bravo. Clara también era una de las cuatro bellezas de Ciudad Baja, ocupando el tercer lugar en esa lista. Su sensualidad y encanto natural se manifestaban en cada gesto y m