Emilio estaba desconcertado, sabía que su esposa no podía estar mintiendo y empezó a preocuparse por su hija.
—¡No importa quién sea, debemos llamar a la policía lo antes posible!—dijo Patricia sacando su teléfono móvil para hacer la llamada.
—No, no podemos llamar a la policía—dijo Emilio asustado, deteniendo a su esposa al instante.
—¿Por qué no podemos llamar a la policía?—preguntó Patricia indignada.
—Nuestra hija ha sido secuestrada por unos delincuentes. Cada minuto que perdemos, corre más