—¡Digo que no y es que no!
—¿Isabel, acaso tratas de proteger a este chico?
La expresión facial de José Sánchez se oscureció. Tenía que entregar a Christian González a la policía, de lo contrario, no podría calmar la ira en su corazón.
La persistencia de José enfureció a Isabel.
—Director Sánchez, he estado hablando con usted con amabilidad y cortesía varias veces. Le he respetado lo suficiente. ¡Ya basta!
—Christian es un amigo de Car... es un amigo mío. En cualquier caso, lo aceptes o no, es