En la oficina.
José Sánchez, de unos cincuenta años, calvo y con un poco de sobrepeso, está sentado frente a su escritorio. Enfrente de él hay una joven nerviosa parada con las manos hacia abajo.
La chica tiene unos veintiún o veintidós años, rasgos delicados y una apariencia tranquila. Lleva puestos unos grandes anteojos negros que cubren su hermoso rostro. Es pequeña pero naturalmente hermosa a pesar de su ropa sencilla.
Esta joven se llama Dolores Pérez y es una de las tres secretarias del pr