Isabel se tambaleó y sacó un pañuelo de papel de su bolso, tratando de irse. Pero un dolor agudo la golpeó en el abdomen y cayó al suelo.
Afortunadamente, Christian fue rápido y la sostuvo en sus brazos.
—¿Estás teniendo dolores menstruales otra vez?—, preguntó frunciendo el ceño.
—No es nada, solo tengo que soportarlo...— respondió Isabel mientras intentaba liberarse.
Sintiendo una fuerte presencia masculina, el rostro de Isabel se puso rojo. Luchó simbólicamente un par de veces, pero no pudo l