—Pero si te atreves a salirte de línea de nuevo, ¡te aseguro que serás el primero en caer!
Jorge miró fríamente a Miguel, con una mirada llena de un frío asesino.
Esta mirada era tan terrorífica como la lengua venenosa de una serpiente, y Miguel no pudo evitar temblar de miedo y sentirse paralizado por el miedo.
Sabía que su oponente era alguien que se movía en los bajos fondos, capaz de hacer cualquier cosa, así que esto no era solo una amenaza vacía para él. Por lo tanto, lo único que podía