—Si no hubiera venido, ¿cómo habría descubierto que tienes a un hombre salvaje en casa? —dijo el hombre de mediana edad con frialdad.
—¿Qué hombre salvaje? —respondió Carmen con desagrado.
—¡Hablas tan mal! —replicó él.
—Christian es mi amigo, ¡no hay nada entre nosotros! —afirmó Carmen con firmeza.
—Si los dos están así, ¿cómo puedes decir que no hay nada entre ustedes? —se burló la mujer hermosa y provocativa.
Carmen estaba muy disgustada.
—¡Es ridículo!
—Cómo podéis, ¿no tienes vergüenza de h