—Si te atreves a lastimar a Andrea, hoy te aseguro que te haré desaparecer sin dejar rastro— en ese preciso instante, un grito de furia resonó, y dos lujosos autos de alta gama se aproximaron velozmente. Sin perder tiempo, las puertas se abrieron y el señor Benítez apareció, con el ceño fruncido y una imponente presencia que inspiraba respeto. Lo acompañaban varios hábiles miembros de la familia Benítez, todos ellos emanando una intensa determinación mientras se bajaban del automóvil.
—¡Mi abuel