—Christian, anteriormente fui irrespetuoso y te ofendí...
—Te pido, por favor, que tengas la grandeza de perdonarme esta vez.
Yael se apresuró a inclinarse y suplicar clemencia.
—¿Qué pasa? ¿No dijiste antes que querías acabar conmigo?
—¿Ahora no tienes intenciones de atacarme?
Christian levantó una ceja, sospechando vagamente que tal vez el otro ya conocía su identidad, lo que explicaría el repentino cambio de actitud de 180 grados.
—No me atrevería, no me atrevería...
—Antes solo estaba hablan