Fuera de Vitalis Farmacéutica.
El rostro de Galileo estaba oscuro como el agua. Con Benicio herido y varios expertos de la familia Pelayo, estaban a punto de subir al carro para irse cuando el señor Carmona y Amadeo los alcanzaron desde atrás.
—¡Galileo, espera un momento! —llamó de repente el señor Carmona deteniendo los pasos de Galileo y los demás.
—¿Qué pasa, señor Carmona? —preguntó Galileo con voz profunda.
—Galileo, para ser sincero, ese muchacho Christian ha tenido algunos roces con nues