—El señor Rivera, te advierto, será mejor que entregues a Christian obedientemente y no te enfrentes a mi voluntad.
—En resumen, hoy la familia Rivera tiene dos opciones: entregarnos a Christian honestamente o enfrentarse a la destrucción.
—La elección entre estas dos cosas, la dejas a tu criterio.
El señor Báez sonrió fríamente, con las manos a la espalda, adoptando una postura de superioridad, como si pudiera eliminar al señor Rivera en cualquier momento.
Por supuesto, la realidad respaldaba e