—Christian, vamos contigo.
Al ver a Christian correr apresuradamente hacia afuera, el señor Castro, Hugo y varios miembros jóvenes de la familia Castro lo siguieron rápidamente.
Habían venido al sur con la intención de darle una sorpresa a Lucía.
Pero ahora, lo que nunca habían imaginado en sus sueños se convirtió en una pesadilla: Lucía había sido secuestrada por delincuentes y estaba en peligro.
Preocupados y ansiosos, no podían quedarse quietos en ese momento.
—No es necesario.
—Señor Castro,