Después de recibir la notificación de Benicio, Eustaquio se apresuró a llegar en su coche y lo primero que hizo fue encontrarse con Galileo y Benicio en el vestíbulo.
—Saludo a Galileo, saludo a Benicio —dijo Eustaquio haciendo una reverencia respetuosa.
—Eustaquio, ¿cómo es que solo viniste tú? ¿Y Genaro? —Frunció el ceño Galileo, con una expresión de desconcierto.
—Informo a Galileo, hace poco envié a Genaro a asesinar a Christian —informó Eustaquio, explicando brevemente la situación—. Ah, ya