—Christian, ¿qué estás haciendo?
—No te acerques.
Viendo a Christian acercarse paso a paso, Lorenzo estaba lleno de terror, sentado en el suelo y retrocediendo constantemente.
—¿Qué opinas?
—Te di una oportunidad antes, para que te disculparas y repararas tu error, pero no supiste valorarla.
—Ya que no deseas disculparte, la culpa no es mía.
Christian dijo con un rostro frío y sombrío, luego sin dudarlo, levantó su pie y lo dirigió hacia las dos piernas de Lorenzo, pateando con fuerza.
—¡No, por