Dentro de la villa, Lucía y Andrea fueron encerradas en una habitación del primer piso. Lorenzo indicó a dos guardias que se quedaran en la puerta para vigilar, y él solo abrió la puerta de la habitación y entró.
—Señoritas, aquí está su humilde servidor —Lorenzo sonrió de manera maliciosa mientras se acercaba a Lucía y Andrea, que estaban junto a la cama.
En ese momento, la capacidad de lucha de Lucía y Andrea estaba sellada, haciéndolas tan vulnerables como personas comunes. Frente a Lorenzo,