—Andrea, ¿estás diciendo la verdad? —el señor Benítez, recuperando su compostura, agarró el brazo de Andrea, con una expresión emocionada en su rostro.
—Sí, absolutamente cierto —asintió Andrea.
—¡Bien, esto es maravilloso! —el señor Benítez se llenó de alegría y comenzó a reír con entusiasmo. Sabía lo valioso que era el nivel de la tierra, y tanto él como los ancianos de la familia Benítez soñaban con obtener una habilidad de nivel de la tierra de alta calidad.
Si Christian estaba dispuesto a