—Señor Castro, hay algo que quisiera hablar con usted en privado —dijo Christian mientras miraba a su alrededor a Anselmo y a varios de los ancianos de la familia Castro, titubeando en sus palabras.
—Todos ustedes pueden salir —el señor Castro entendió y les hizo un gesto para que Anselmo y los demás se retiraran primero.
En la sala principal quedaron solo el señor Castro, Christian y Lucía.
—Christian, ¿qué asunto tienes? —preguntó el señor Castro, con una expresión ligeramente perpleja.
—Bueno