Capítulo 55
El Alfa se arrodilla en el suelo, sus ojos se llenan de lágrimas, una felicidad infinita inundan su piel, corre a los brazos de su hijo que duerme en su cuna.
Leonardo lo carga, observa cada detalle que el amor creo, pues eso cree su hijo es producto de la infinita gracia de la Diosa Luna.
Al mirar cada detalle ve en la planta de su pie el símbolo que aquel guardian le enseño, suspira, se siente aliviado.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Tengo que decirte algo.
Lucia la toma de la