Amanda solo sentía su cuerpo temblar, una mezcla de hormigueo y dolor recorriéndole, una experiencia indescriptible que le hacía tener los ojos enrojecidos, al borde de las lágrimas. Sus orejas estaban ardiendo, sus mejillas enrojecidas, y sus ojos cubiertos de una bruma.
—Pidió en voz baja:
— No… duele… Jorge, suéltame.
Jorge pareció notar su dolor, y, con algo de compasión, aflojó la presión, sustituyendo el agarre por suaves movimientos de su lengua. Su cuerpo se debilitó, y casi cayó al suel