Amanda estaba al borde de las lágrimas, sintiéndose terriblemente agraviada.
Jorge también decidió detenerse, temeroso de no poder contener el fuego que le ardía por dentro. ¿Quién le mandaba a Amanda tener ese cuerpecito tan hermoso y atrayente?
Soltó su agarre, y Amanda se alejó rápidamente, caminando de manera un tanto extraña. Mordía su labio, y sus ojos estaban ligeramente enrojecidos. Esto hacía que Jorge pareciera el villano más despiadado del mundo entero.
—La próxima vez que digas eso,