Después de lo sucedido, Sophia sentía que había llegado su hora, había sido secuestrada y la única persona que demostraba interés por ella había quedado inconsciente.
Las lágrimas rodaron por sus mejillas, con fuerza Sophia intentaba abrir las puertas, pero no lo logró.
—¿Qué quiere de mí, por favor déjeme libre? —pidió Sophia con la voz entrecortada debido al llanto—. Es un maldito desgraciado ha atentado contra la vida de mi esposo, él necesita recibir atención médica lo más antes posible o s