Con las pocas fuerzas que le habían quedado a Sophia ella logró llevar la mano dentro de su bolso, tomó su teléfono móvil y llamó a la única persona que la podía ayudar en aquel momento.
—Hola cariño —respondió Alessandro.
—Estoy en un callejón en la parte de atrás de la empresa, estoy mal herida ayúdame por favor —fue lo único que ella pudo decir luego se desmayó.
—¡Sophia, Sophia! —gritó Alessandro y ella no respondió—. Por favor háblame, estaré contigo al instante —agregó él y salió a toda