Unos cuantos minutos más tarde de que el piso de presidencia quedara completamente “desocupado”, Noah salió de su oficina manteniendo la mirada fría y su rostro rígido del coraje fue directo a la oficina de Sophia.
Sin tomarse la molestia de llamar a la puerta, simplemente estiró el brazo y giro de la perilla, ingresó de un solo movimiento ubicándose frente a ella.
—¿Qué haces aquí, qué rayos quieres? —preguntó Sophia alzando el tono de su voz.
—Espero que mi visita no te moleste ni te llegue