110. ¡Granada!
Bella
El agua cayó sobre mi espalda mientras trataba desesperadamente de recobrar el aliento. Vertí un poco de champú en mi mano y cerré los ojos imaginando que era él quien hundía las yemas de sus dedos en mi cuero cabelludo y respiraba contra mi nuca.
Hace menos de una hora habíamos hecho el amor como si no hubiese un mañana; como si hubiésemos sido advertidos del declive del mundo y no tendríamos otra oportunidad para entregarnos con ese repentino desenfreno. O simplemente nos amábamos con l