84. Un final catastrófico
Samira
Las emociones me están sobrepasando en estos momentos y decir que puedo manejarlo sería toda una mentira.
Mis manos tiemblan mientras abrazo al pequeño Malek que finalmente después de mucho batallar se ha quedado dormido en mi regazo y mis ojos sin poder evitarlo van desde la sala dónde llevaron a mi hijo, hacia el lugar por dónde desapareció Amir hace ya varios minutos. No entiendo porque le he permitido que esté aquí, debí haberle dicho que podía irse, pero lo cierto es que tenerlo ce